No es necesario esperar a un carnaval o fiesta especial para disfrazarnos.
El juego con disfraces cumple una importante labor pedagógica en los ámbitos social, afectivo-emocional, cognitivo y psicomotor.
Cada vez que los niños se disfrazan adquieren de forma inconsciente una serie de conocimientos que serán vitales para su vida adulta.
Ya vestidos en su atuendo los niños imaginan, interpratan el rol de otro personaje, introducen normas sociales, entre otras muchas cualidades.
Gracias a este juego se estimula a los niños a relacionarse y ampliar sus formas de comunicación. Además permite que desarrolle su propia identidad.
Los disfraces son excelentes para promover las experiencias, emociones y fantasías.
Gracias al disfraz el niño puede desarrollar el pensamiento abstracto, estimular su imaginación y creatividad.
¡Así que a disfrazarse y a jugar!
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